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Aprender a equilibrar la frustración, un desafío con grandes recompensas

Constante nos enfrentamos a situaciones en las que no logramos encontrar aquello que deseamos; algunas personas más, otras menos. La forma en que elaboramos ese estado de frustración (que aparecerá indudablemente) y la manera en que respondamos a ella irá estableciendo un modo particular de enfrentarse a la vida, de conciliar el psiquismo con la realidad, de resolver conflictos, de ser y estar frente a sí mismo, frente al otro y frente al mundo.

La frustración es el sentimiento que se genera en un individuo cuando no puede satisfacer su deseo. Ante este tipo de situaciones, la persona puede reaccionar de diversas maneras, por ejemplo, manifestando enojo, ansiedad, agresividad, inhibición, sentimientos de tristeza, pesimismo, temor; a veces se abandona el objetivo propuesto pero también hay quienes continúan y vuelven a intentarlo. Se puede entender que ante las frustraciones hay tantas formas de reaccionar como personas en el planeta.

La experiencia personal de cada uno evidencia que en la vida no todo es color de rosas y no siempre se gana. Por lo tanto, para tener una mejor comprensión sobre el concepto de frustración es importante considerar que un aspecto inherente a la vida humana es la imposibilidad de lograr todo aquello que cada uno desea en el momento en que se anhela. La frustración es una emoción muy importante que juega un papel clave en la adaptación al mundo de cada individuo y la forma en que se relaciona con los demás.

El punto clave reside en la capacidad de cada persona de gestionar y aceptar esta discrepancia entre lo ideal y lo real. En otras palabras, siempre hay una diferencia entre lo que cada uno busca y lo que encuentra, y esa diferencia que frustra es aquello que permite seguir teniendo ganas de buscar y hacer cosas nuevas.

Lo importante es que cada uno encuentre un equilibrio entre la frecuencia de las experiencias de gratificación y de frustración, lo cual va a depender del desarrollo y crecimiento del sujeto. Vivir en la gratificación permanente traería como consecuencia que las relaciones interpersonales en sociedad no sean posibles, pues no existiría la adaptabilidad que requiere la cuota de satisfacción personal y otra de renuncia o postergación.

Por otro lado, vivir en frustración llevaría a la persona al otro extremo, lo cual podría ser bastante crudo y traer como consecuencia una detención del deseo humano de construir, superarse y crecer.

A modo de reflexión, podemos considerar que un indicador de salud mental es la manera en que cada persona logra tolerar la frustración. Cuando hablamos de que una persona tiene tolerancia a la frustración, lo que expresamos es que este sujeto internamente tiene un grado de fortaleza y equilibrio interior que le permite continuar amando y trabajando frente a — o a pesar de — la frustración. Es decir: puede continuar con su vida.

Como adultos sabemos que en la vida nos enfrentamos con mayor o menor dificultad a las situaciones que se nos presentan y que por eso es importante que cada persona logre encontrar el equilibrio entre las experiencias de gratificación y de frustración.

Si leyendo estas palabras notás que sí presentás dificultades al momento de gestionar tu frustración podés pedir ayuda profesional asistiendo a un espacio terapéutico de análisis para revisar estos aspectos y trabajarlos en tu vida diaria para así vivir una vida más equilibrada y saludable. 

Licenciada Cecilia Nelli.

Matrícula 888.