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22/05/2024

Responsabilidad afectiva: un infaltable en todos tus vínculos

La responsabilidad afectiva es la actitud ética imprescindible en la construcción de todo vínculo sano, es el hacernos cargo del impacto de nuestras acciones y palabras en las personas con quienes establecemos una relación.

Desde muy temprano en nuestra vida escuchamos la palabra responsabilidad. Primero haciendo referencia a cuestiones de la casa o de la escuela, asociado principalmente al cumplimiento de reglas, tareas o deberes. A medida que crecemos van apareciendo responsabilidades mayores. Muchas veces asociamos el término con el hacernos cargo de las cosas o cumplir con nuestras obligaciones. Pero ¿qué lugar ocupa la responsabilidad en las relaciones interpersonales que formamos? Tendría que ser un elemento constitutivo y, sin embargo, muchas veces no es así.

En la relación de pareja

El concepto de responsabilidad afectiva surgió como un término dentro de las nuevas configuraciones en torno a las relaciones sexo-afectivas. Durante un buen tiempo el tema del amor y las parejas estuvo dominado por la idea de la monogamia y el matrimonio. Sin embargo, los cambios culturales, sociales y hasta económicos de cada época también implican transformaciones en las personas y sus vínculos.

Poliamor, poligamia, relaciones abiertas, relaciones casuales, son algunas formas de relacionarse que han surgido en los últimos años. Si bien siempre han existido formas alternativas a los conceptos tradicionales de pareja, en el último tiempo ha crecido el interés no solo por entenderlas conceptualmente sino también por promover una reflexión crítica de lo que implican para las personas.

¿Cuáles son mis expectativas en esta relación? ¿Qué estoy dispuesto/a a dar y qué no? ¿Tengo ganas de establecer relaciones casuales con una o más personas? ¿Es necesario que lo comunique? ¿Que no sea una relación “formal” me libera de compromisos y responsabilidades con la otra u otras personas?

Estos son algunos de los cuestionamientos a los que nos invita a pensar la noción de responsabilidad afectiva en el ámbito de pareja. Todo vínculo tiene implicaciones para ambas personas, sin importar el nombre que le demos, el número de personas involucradas o el tiempo que duren.

Cuidar al otro

La responsabilidad afectiva aplica a todos los vínculos que tenemos, ya sean familiares, de amistad o de pareja. Es una manera de construir relaciones sanas y duraderas en el tiempo, ya que las concibe como espacios donde cada una de las partes implicadas se ve afectada por las acciones y decisiones del otro.

No se trata de evitar su dolor, ni de cubrir sus necesidades y deseos a costa de los nuestros, sino desaber que nuestro comportamiento necesariamente le afectará de distintos modos, por lo que es necesario plantear acuerdos, evidenciar necesidades, aclarar expectativas, explicitar deseos, sin asumir que el otro sabe o entiende lo que queremos. Es importante plantearnos que las personas no somos objetos que estamos para solo satisfacer necesidades emocionales o sexuales, para saciar deseos individuales. Por tanto, toda relación, por más efímera que parezca, implica un respeto al otro como persona, con un mundo afectivo propio y peculiar. 

Una opción ética

Este enfoque de responsabilidad en nuestros vínculos busca la construcción de relaciones equitativas, respetuosas, transparentes, conscientes de que tenemos la capacidad de generar cosas en el otro y, viceversa, ese otro también puede generar cosas en mí.

Asumirlo nos permite plantear vínculos basados en la comunicación clara y el establecimiento de acuerdos. Optar por un posicionamiento ético en las relaciones que establecemos es cuidar al otro.

¿Cómo mejorar en responsabilidad afectiva?

1. Priorizá el diálogo y afrontá conversaciones incómodas, no las evites. Cuando algo es molesto o incómodo en la relación, ser sinceros al momento de comunicarlo.

2. No te muevas sobre supuestos, no hay nada mejor que preguntar con sencillez para saber qué piensa o siente la otra parte.

3. Manifestá tus emociones, y expresá con claridad lo que querés y esperás del vínculo, cómo te sentís respecto de la relación. No generes falsas expectativas.

5. Respetá el deseo del otro y validá sus sentimientos. No minimices lo que a la otra persona le preocupa y siente. 6. Ejercitá tu capacidad de escuchar y cultivar la empatía, para tratar de entender mejor cómo impactan tus actos en el mundo afectivo de la otra persona.